Mi historia como psicoterapeuta
Inicia hace dos años, en medio de la pandemia. Me encontraba haciendo mi tesis
de pregrado cuando una persona me solicitó si podía ayudarle. En ese tiempo, mi prioridad era terminar la tesis que a propósito no tenía
nada que ver con la psicología clínica propiamente tal, por lo que me dí vuelta
un tiempo entre estos pensamientos: si me alcanzaría el tiempo, que era mi
primera vez que lo haría sin supervisión de profesores y además que estábamos
atravesando la pandemia por lo que el factor económico influyo en mis
decisiones.
Bueno, se imaginarán que para mí fue emocionante como estudiante de 4to año de psicología estar presenciando una sesión "real" y
además tener los nervios de saber que en algún momento ya sería mi turno de "atender". Así entonces sucedió y logré romper el hielo. Tuve la retroalimentación de mi profe y mis compañerxs (la mayoría amigas hasta hoy <3) que nutrieron esa experiencia con sus comentarios siempre muy auténticos y sinceros. En pocas palabras, los enfoques sistémicos - relacionales y
humanista - existencial constituyen gran parte de mi Ser y mi forma de hacer
clínica hoy.
Así comencé, acepté ser psicoterapeuta e intente relajarme. Creo que
lo conseguí ya que tuve de respaldo todo el contenido del
diplomado que la universidad te hace hacer de manera obligatoria para poder
titularte. En pregrado tuve la suerte de poder escoger distintos ramos de
distintas áreas pero como todxs tenemos preferencias las mías estaban asociadas, en primer lugar, a la psicología comunitaria, luego a la educacional y en tercer
lugar a la psicología clínica. Mirando hacia atrás puedo decir que las dos
primeras me dieron un panorama general sobre las áreas dónde quería desarrollarme, pero
fue la clínica la que me cautivó, en el sentido de darme la oportunidad de sentarme a conocer y mirar de
frente a las personas con mis vulnerabilidades y las de ellas sin más.
Volviendo
al punto anterior, fui sintiendo más confianza en mi rol de psicoterapeuta
gracias a las herramientas prácticas que pude tener en el Diplomado Humanista -
Existencial de la universidad. Primero me enfoqué en el encuadre, que es un
aspecto central al iniciar todo proceso. Ahí conversas sobre los días que te vas
a reunir con tu paciente, el tiempo de las sesiones, la forma de comunicación
que tendrán, el valor de cada sesión y responder las dudas generales que
puedan existir en torno a la estructura. Luego, me adentré de lleno en las
técnicas específicas de lo que conlleva una psicoterapia humanista -
existencial, principalmente enfocada en la corporalidad y emocionalidad entre otras cosas.
En el diplomado, completábamos unas fichas clínicas exhaustivas que orientaban certeramente lo que hacer y no en la
primera entrevista, lo cual ahora considero uno de los momentos claves si tu objetivo es que tu paciente vuelva. Además, anteriormente ya había sido parte del Equipo de
Tratamiento Sistémico del Centro de Psicología Aplicada de mi U, espacio
donde pude aprender en conjunto con los profes y compañeros/as sobre la
intervención propiamente tal, debido a que trabajábamos en base al formato que contemplaba hacer uso de la sala de espejo. Es una sala con paredes de espejo que te permiten ver la sesión además de tener la posibilidad de usar un citófono para intervenir en momentos puntuales de la sesión. Por su puesto esto era informado a los y las pacientes.
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Cuento corto, cuando el momento más álgido de la pandemia pasó y yo estaba a punto de
titularme, decidí venirme a Aysén a trabajar. Al principio, fue en una escuela
rural de la región, pero como sabemos que la vida siempre te pone en los lugares que menos te esperas, nuevamente la corriente me llevó a encontrarme
con la clínica. En la actualidad, trabajo atendiendo de cinco a siete pacientes diarios. Debido a que éstas intervenciones
están sujetas a un marco conceptual específico de abordaje, parte de mi práctica
se limita a lo que el sistema necesita que yo busque y prevenga. Esto me ha dado
una mirada práctica de la psicología clínica como no la conocía, más allá de las
críticas que se le puede hacer al modelo de salud evidentemente centrado en la
enfermedad y poco en la promoción de la salud, que es la parte que intento
transmitir y que más me interesa como psicóloga en los 45 minutos que tengo para caminar con la paciente hacia
aquello que le aqueja y construir juntos/as una historia para ello.
Co-construir una historia es lo que me apasiona de mi trabajo, canalizar el motivo que lleva a consultar a mis pacientes y acompañarles en el difícil
camino que pueden significar asumir, soltar, tomar las cosas con más humor,
mirarse. Todxs tenemos el derecho de poder hacer eso en calma y sostenidos en
confianza y cobijo.
En el futuro, por su puesto que me gustaría y anhelo tener
mi propia consulta como creo la mayoría de lxs psicologxs clínicos que tengo a
mi alrededor. Para eso estoy trabajando, sin embargo, en este momento me interesa mucho más conocer
lo que no conozco, vivirlo desde adentro y armarme mi propia opinión.
Finalmente, entre los
temas de interés que captan mi atención para capacitarme está la Psicología
Corporal, la Analítica Junguiana, el asombroso mundo de las Neurociencias y si
es de las Neurociencias de la Meditación aún mejor. También me gustaría
profundizar en terapias complementarias como la Bioenergética, el Yoga o Arteterapia. De todas las anteriores conozco ampliamente, pero otra cosa es profundizar e
iniciarse en eso. Soy de las que creen que las cosas entran por experiencia más
que por "conocerlo" o "leerlo" un poquito. Los procesos vivenciales nutren de información la corriente de la vida y por que no a la psicoterapia. En eso estoy hoy.
Me alegro de estar escribiendo esta nueva entrada.
Me hace sentir bien darle continuidad a lo que inicié.
Cariños,
Vale



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