Mi historia como paciente de psicoterapia

Desde lo dieciseis años que soy paciente de psicoterapia. La primera vez, como toda primera vez, significó marcas importantes en mi historia de vida debido al motivo por el cual le pedí a mi madre que me llevara a un o una psicóloga y también en  las consecuencias que eso trajo posteriormente en relación a la comprensión que comencé a tener sobre lo que me sucedía, puesto que podía ser encausado con ayuda profesional. Quedé fascinada y curiosa por el acto de magia que la conversación psicoterapéutica tuvo en mí, haciendo que los síntomas de depresión se fueran apaciguando al punto de desaparecer. 

La segunda vez, ya era más grande tenía diecinueve años. Tengo la sensación que no fue tan fluída como la primera y no tengo una explicación clara para saber por qué. Supongo que los temas a los que me refería en sesión fueron dolorosos y salía removida cada vez que terminaban las sesiones, sentí unos momentos que no funcionaba. Sin embargo, lo que si funcionó fue que ya con diecinueve años empecé asumir y convivir con lo que ahora llamo "el dolor". El dolor es un sentimiento latente cuando vas a psicoterapia y quien tenga las intención de asistir a una debe saber cuanto antes a lo que se enfrentará. Tengo mucho para decir sobre el dolor, desde mi enfoque como psicoterapeuta, como en lo movilizador que puede llegar a ser cuando está canalizado de manera adecuada. Por el contrario, lo destructivo que puede tornarse para uno y su entorno. Escribiré una entrada específica sobre el dolor en psicoterapia más adelante. 

Ilustrador Kadna Anda
kadna.co

Mi última experiencia como paciente fue hace dos años atrás cuando me realicé un psicoanálisis lacaniano. Antes de la pandemia y al igual que las dos veces anteriores, me dirigía semanalmente a la consulta de mi analista una vez a la semana. Como en ésta fecha ya estudiaba psicología, sabía que el psicoanálisis incluía elementos distintos a los enfoques que yo adhería y adhiero hasta ahora, como por ejemplo, el diván, el típico sillón cama en que te recuestas y atrás está tu analista, sin verle la cara. Llevaba alrededor de unas cinco sesiones y el analista no me indicó nunca que me recostara en el diván. Frente a eso le pregunté si podía acostarme ahí y me dijo que por su puesto. Súper incómodo.  A la siguiente sesión me senté en la silla como siempre y me indicó que debía pasar al diván y ahí estuve dos años y medio hablando con mi inconsciente. Para mí significó tantas preguntas sobre mi misma y a la vez tantos descubrimientos como frustraciones que es una experiencia que recomiendo cien por ciento. Pero tienes que ser perseverante por que adivina, otra vez fue doloroso. Doloroso estar en un punto sin retorno de autoconocimiento y gratificador cuando ya sentí que no sabía a que iba y pedí mi alta. 

Lo más sorpresivo fue tiempo después de terminar el análisis que descubrí lo profundo, consistente y sólidos que había sido el proceso ya que sentí que me conocía. Nos dimos una vuelta larga por mis orígenes, traumas, pasiones, gustos y preferencias y más. También debo decir, que cuando pedí el alta sentí miedo de seguir caminando sola sin mi analista y se lo hice saber. Él fue muy empático en ofrecer el dispositivo de terapia cuando lo necesitase, sin requerir estar cursando un nuevo período de terapia. Ahí me sentí acompañada como un psicólogo te puede acompañar. Comprendí que la psicología clínica y los tratamientos que damos las psicólogas deben estar sujetos a un claro encuadre de intervención singular a cada sujetx pero que necesitan flexibilizar en momentos en que el o la paciente puedan sentirse con la necesidad de consultar. En fin, actualmente vuelvo a mi dispositivo de consulta cuando necesito tener otra perspectiva de mis asuntos actuales. También quiero decir que me he planteado si cambiar de psicólogo y en ese pensamiento me he mantenido un largo período de tiempo hasta ahora. Puede que sea algo para revisar, pero aún no lo tengo resuelto y me he estado acostumbrando a no tenerlo resuelto la verdad de las cosas. No me molesta. 

En conclusión, mi historia como paciente de psicoterapia me ha dado herramientas concretas para transformarme en psicoterapeuta. Por un lado, desde los aspectos experienciales relacionados al dolor y las vivencias propias de mis motivos de consultas lo cual pienso me permite empatizar con mis pacientes. Por otro, en relación a las técnicas clínicas prácticas que me marcaron simbólicamente en mi posición como paciente que las autointegré en mi estilo de hacer clínica, como podría ser la flexibilidad y singularidad del abordaje y tipo de intervención con cada sujeta. 

Espero mi historia te movilice a ir a la psicóloga si aún no lo haces y ya lo habías pensado. Y si aún no te atreves, date todo el tiempo que necesites para hacerlo. Se paciente contigo, pero no negligente. 

Si tienes dudas más personales, escríbeme y te acompaño.

Cariños, 

Vale

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